lunes, 5 de octubre de 2015

El pensamiento cuántico



Ya vimos la mente dirigida, la cual es recomendable leer antes de seguir, y tras ver lo limitada que era ésta, dijimos al final de la entrada:

“Sólo el pensamiento cuántico es capaz de ir más allá de la inconsciencia y nos permite abarcar la información en su totalidad sin la limitante preselección que caracteriza a la mente dirigida y a su pensamiento lineal.”

En realidad la mente es toda cuántica como todo lo que pertenece a D10S pero las distinguimos según el procesamiento de la información. El pensamiento lineal, no es porque no sea cuántico sino porque su función cuántica es limitada a los parámetros de la conciencia artificial por donde se mueve la personalidad virtual del sujeto.

El pensamiento cuántico que procesa la mente cuántica difiere por completo al procesamiento de información que lleva a cabo la mente lineal. El pensamiento cuántico recibe toda información en su estado puro, como energía, es decir, como llega desde la realidad general del universo cuántico y no contaminada por la realidad subjetiva. Es decir es capaz de asimilar la información como 0 y 1 por lo que no lleva a cabo la preselección que sí ejerce la mente dirigida supeditada a la dualidad de opuestos (0 ó 1). Al ser procesado como energía se evita que no entre en el proceso el centro emocional e intelectual que pueda llevar a la contaminación de la información. Una vez procesada la información, la propia intuición dejará grabada en el cerebro cuántico aquella que realmente le sirvió, la que tiene vida, y desechará la que no, la que está muerta. Aquella información que queda grabada en el cerebro cuántico como útil jamás se borrará aunque nos de la sensación de que sí. Servirá para posteriores comprobaciones antes de quedar grabado como certeza en la conciencia del Ser. El centro que dirige este proceder es la intuición.

El sentido principal de esta forma de procesamiento de datos se encuentra en no prejuzgar la información ya que si la prejuzgamos estamos desechando la mitad de nuestra Verdad. Comúnmente tendemos a valorar siempre la veracidad o falsedad, lo que nos gusta y lo que no, desechando siempre la mitad de la información que se encuentre en el opuesto dual del rechazo, y aceptamos la otra mitad correspondiente a la aceptación. Esto lo que hace es que tomemos la información de forma incompleta, por lo que no se integrará su esencia divina sino solamente como conocimiento muerto que servirá para engrandecer la conciencia artificial del ego. Hay que ser concientes que la verdad es del ego. El Ser se conforma de la fusión de los opuestos duales, por lo que ni la mentira puede ser descartada ( Ni la verdad es tan verdad, ni la mentira es tan mentira ). No podemos reconocernos si sólo vemos una mitad de nosotros. Así, si queremos conocer La Verdad*, tenemos que empezar a aceptar el lado del péndulo que produce el rechazo. 

Una de las importantes características del pensamiento cuántico es que logra diferenciar entre objeto (información) y sujeto(transmisor). Muchas veces somos incapaces de aceptar información que venga desde ciertos puntos que rechazamos tajantemente. Por ejemplo del ideólogo de una política que etiquetamos como inhumana,del representante de una confesión religiosa que etiquetamos como satanista, o de un bloguero que etiquetamos como iluso y fantasioso. Debemos aprender a transformar el sujeto en objeto para así poder extraer la información que posee, de otra manera estaríamos negando a nosotros una información que nos pertenece y que es necesaria para armar el puzzle de nuestra Verdad.

Cuando se hace operativo el pensamiento cuántico podemos entonces albergar información de choque que será la que dará como resultado un nuevo campo de información no explorado en el que poco a poco los extremos se reconcilian y el puzzle de nuestra Verdad correspondiente a nuestra realidad particular se empieza a armar magicamente. Pero para ello hace falta comprender el pensamiento lineal de la conciencia artificial para reconocer que hemos sido esclavos de corrientes de información dirigidas por otros, para posteriormente echarle voluntad, valentía y humildad (Ver Acto de voluntad) y aceptar tanto la verdad como la mentira, tanto al bueno como al malo, para, ahora sí, comenzar el camino hacia La Verdad que está conformada por la sinceridad del que se reconoce a sí mismo como singularidad dentro de la generalidad.

A través del pensamiento cuántico llegaremos a las certezas que no son otra cosa que la impresión que produce cuando sentimos la información que ordenada con un propósito (conocimiento) ha logrado vida (sabiduría), la cual nos sirve de espejo en el que nos vemos a nosotros mismos. Así integramos a nuestra consciencia de Ser y engrandecemos espíritu.

* Aunque la verdad es sólo un concepto egóico, hay que reconocer que el Ego es el programa social de esta realidad dual y se expresa a través del lenguaje que es evidentemente dual, por lo que el conocimiento divino de la trialidad al transmitirlo se convierte en dual. Es por ello que el conocimiento divino está oculto entre lo material y visible. Es necesario experimentar la trialidad para comprender esto y diferenciar entre verdad como representante de un extremo dual y Verdad como esencia del Ser.