sábado, 17 de octubre de 2015

Impotencia

Cuando el Humano logra expandir la consciencia hasta abarcar la tercera energía, todo cambia para él (Ver Salto Cuántico). La sensación es como vivir en dos realidades simultáneas. Por un lado la realidad de la confrontación y la confusión producida por la dualidad de opuestos, y por otro lado la realidad de la consideración y la comprensión producida por la energía neutra que equilibra los opuestos. Comienza en el Humano a desarrollar una capacidad de comprensión que lo va llevando a adquirir conocimientos con una sencillez y naturalidad fuera de lo normal. Para desarrollarlos mentalmente se topa con que es necesario reinventarse un lenguaje nuevo, pues es necesario ordenar lo que está tergiversado y descompuesto en el lenguaje ordinario. Por ejemplo, para hablar del amor, se da cuenta que este amor en el lenguaje ordinario es una forma de llamar al apego y sin embargo el significado fruto de la comprensión es otro totalmente contrario. Así que se las ingeniará como sea para poder diferenciar uno de otro. Terminará hablando en dos idiomas, el ordinario egoico y el especial de su Ser.

¿Por qué ocurre ésto? Pues porque en esa realidad de comprensión sólo se sitúa la consciencia, pero nuestra mente y todo lo que se deriva de ella está anclada en la dualidad, por ello todo lo que se exponga aquí, aunque vaya impregnado con la sinceridad y amor del Ser como representante de la energía neutra, se representa como dualidad y por tanto se rige por las mismas normas que éstas (Conocimiento muerto). Por tanto resultará inútil intentar hacer comprender a alguien que su esfera de consciencia sea tan ínfima como para no poder ver más allá de los parámetros en los que se mueve su ego. Sin embargo cuando alguien tiene una esfera de consciencia que cubra esa tercera energía le resultará sencillo comprender aun sin entender, incluso se emocionará, al ver un pedazo de él en tí.

Por ello, por mucho que hayamos cristalizado y sintamos tan real esa tercera energía, al fin y al cabo este es nuestro panel de juego, el de la dualidad, y tendremos que posicionarnos en uno u otro lado. Ante una pregunta, tendremos que decir Si ó No, no podremos decir “Snio”, por mucho que comprendamos al Sí y al No. Ésto es para mí lo más complicado, pues te sientes como un infiltrado, ya que a ojos de los demás eres ese Sí o ese No, pero tú sabes que no eres ninguno sino que eso es simplemente el traje, lo que se ve pero no existe.

En definitiva y hablando por mí en particular, cuando hablas desde el corazón intentando sembrar comprensión y acercamiento, y produces todo lo contrario en aquellos egos descontrolados, se genera en mí cierta impotencia que me hace preguntarme muchas cosas que me llevan a respuestas desilusionantes pero necesarias para hacer frente a La Verdad. Debo de estar en un punto de transición, viviendo en una “confusión de comprensión” y me falta madurar mi conexión con el Ser para que mi ego tramposo no me engañe con falsas expectativas o fantasías, pues lo que Es lo Es ya y aunque todo se acomode en la ilusión de la maya todos somos y sabemos lo mismo. Por eso debo cuidarme de todo ego descontrolado que duerme en el sueño profundo, pues La Verdad duele, y puede alterarlo. Es deber del Ser aceptar y comprender el descanso de otros seres. Y es que lo que para unos es tan sencillo, real y palpable, para otros es fantasía irrealizable propias de un loco, pues sus razones y su realidad tan basta y material los ha inmovilizado como para creer en algo que sus creencias consideren como no creíble. Son prisioneros de sí mismos. Así, aunque tengan La Verdad delante de sus narices la negarán.

Cuenta la leyenda que un humilde y sabio carpintero, con la gracia de Dios, hizo andar a paralíticos y corrieron a chivar que lo hizo en sábado, devolvió la vista a los ciegos y éstos lo espiaron, curó a leprosos y éstos lo juzgaron, y por todo ello fue condenado y crucificado, paradójicamente, por quienes decían que buscaban la liberación.

Como reflexión final: Aceptemos las cosas tal y como son, pues las cosas son ya perfectamente imperfectas, y todo fue decidido y consentido por nosotros mismos.

Recomendación: La Soledad del buscador