Sobre mí





Soy un chico joven, español, estudiante, de suficientes raspados, fiestero, deportista, futbolero, bromista, me gusta hacerme el tonto, serio pero alegre, de pocas palabras, despistado, moreno, políticamente incorrecto, nervioso y tranquilo, guapo y feo, me gustan casi todas las modas incluyendo la mía, ateo y cristiano, gnóstico y agnóstico, gandul, radical e imparcial, objetivo y parcial, nazi, fascista y socialista, de izquierdas y de derechas, inocente y conspiranoico, demócrata y antisistema, tolerante, progresista y conservador, anarquista y formalista, espiritual, filosófico, pacífico con algún sobresalto aislado, ciudadano ejemplar y no tan ejemplar, amante de la naturaleza y lo rural y admirador de la obra del hombre y la ciudad, humilde, ignorante y sabio, sueño en la vigilia y vivo en el sueño, hedonista y nada materialista, caprichoso y conformista, vicioso sin vicios, romántico pero práctico, apasionado, escéptico y creyente, generoso, buen compañero, sencillo y complicado, miedoso y valiente, me gusta el misterio pero no la fantasía... Sobre todas las cosas soy muy curioso. Ah ! Y de vez en cuando vuelo y hago magia!.

Esas son las definiciones que me ha puesto la sociedad y no yo, y como veis parece un poco confundida. No digo que no sea eso, porque es cierto, lo fui, lo soy y/o lo seré. El caso es que sobre todas estas etiquetas está realmente lo que soy y que muy pocos pueden ver: un Ser, como todos. Y ese Ser sabe perfectamente lo que es, y por ello juega en el mundo de la confusión no importándole las etiquetas que cada uno en su universo prefiera ponerme. Se disfraza de muchas cosas con la finalidad de obtener información para posteriormente desde el Ser convertirlo en conocimiento y sabiduría. Un disfraz ilusorio porque en realidad estoy desnudo para el que puede ver ya que el Ser no tiene nada que esconder.

Desde pequeño siempre he sido curioso, siempre he sido de mente activa y de bastante introspección, solía sorprenderme con cualquier cosa. En esos momentos de la infancia no se tiene la necesidad de colocarse etiquetas, todos somos niños jugando y nada nos diferencia. Pero conforme se va haciendo uno más mayor comienza el reparto de papeles de interpretación. Lo normal es que cada uno coja los papeles que la familia, amigos y entorno les recomiendan. Conforme pasan los años se va perfeccionando el guión hasta que finalmente estas convencido de cual quieres que sea tu personaje a interpretar. A mi me dieron los papeles que me tocaba interpretar, los estudié, borré algunos guiones e introduje otros y me los aprendí. Todo fue por donde tenía que ir, hasta que un día uno de mis amigos ¡ SE CREYÓ SU PAPEL !, hasta el punto que no sabía diferenciar entre el niño que realmente era y su papel de actor. Fueron cayendo todos.

Así se produjo el primer choque, el golpe extra de energía, que me impulsó a una búsqueda dentro de mí para dilucidar donde estaba este problema de tremenda confusión. Pueden imaginarse que la confusión dentro de mí debía de ser grande: no sabía si debía ser ese niño que se sorprende y que busca desde la visión limpia, no contaminada e inocente los misterios del universo o sumergirme en el papel de interpretación que el director me había asignado y en el que todo estaba tasado. En el papel de interpretación venían ya tipificados quienes eran los buenos, quienes los malos, el límite que separa lo posible de lo imposible, de que árbol podía comer y de que agua podía beber.

Ésto junto al escepticismo y el valor que la duda me dio me llevó a apreciar de un modo intenso la oportunidad de la vida que se me había dado. Había poco tiempo y había que aprovecharla al máximo. Tenía que captar cada momento, vivir siempre en el presente. Me fijé en cada detalle, hacía lo que me diese la gana, fue importándome cada vez menos lo que la gente pensara de mí, quería experimentar cosas nuevas pues estaba seguro que eso era la única manera de alargar esta vida. A veces me daba la sensación de poder parar el tiempo. Me fijaba en mi debilidad cuando trataba de aparentar y me volví humilde. Me fijé en lo inútil del prejuicio y del daño que hace la inconciencia y me volví tolerante y luché por hacerme más responsable de mis palabras.

En 2012 se produjo el choque definitivo, el aceptar el camino individual de crecimiento personal sin esperar un beneficio o interés a cambio, el salto cuántico que me hizo ver más allá, me permitió ver lo vivo entre lo muerto, un nuevo campo de conocimiento y sabiduría, una visión mayor que contenía a la visión limitada. Parece contradictorio pero fue así: obtuve sabiduría antes que el conocimiento. El conocimiento me fue llegando progresivamente de poco a poco, en cada libro, por cada autor, en cada búsqueda de información. Ahora desde la sabiduría del Ser podía interpretar conocimiento que se ocultaba entre lo visible. Y todavía hay mucho más conocimiento que se me escapa por estar fuera de lo que mi esfera de consciencia puede abarcar. De momento. Los límites de lo imposible ahora estaban más distantes.

Recuerdo que en ese tiempo de confusión y de tanta duda que me producía la búsqueda, yo le decía a un amigo católico: - ¿Por qué yo no creo en dios? ¿Porque no siento a ese dios?. Él me respondió: - Porque no ha llamado a tu puerta. Esta respuesta resonó mucho en mi interior, la sentí muy adentro mío, tuve como una especie de recuerdo del pasado o del futuro en el que Dios llamó a mi puerta. Sólo contesté: - mientras no llame a mi puerta espero su consideración a la hora de juzgar mi destino después de la muerte. Ahora se que es el SER el que llamó a mi puerta, y lo se, porque desde mi inconsciente dio los golpes de influencias precisos para que hoy día sea lo que soy y sepa lo que se.

Por esto quiero colaborar desde mi universo único e intransferible con lo que hasta ahora puedo compartir, a producir algún pequeño choque que os remueva y encauce al SER a tocar vuestra puerta, para que lo veáis y lo sintáis y os deis cuenta que siempre estuvo un pedacito de él en vosotros. Para eso cree este blog, en el que intentaré transmitir lo que pueda y de la manera más fácil posible. Tengo especial consideración con aquellos que andan perdidos en su propia cárcel pero que su Ser inconscientemente los impulsa a no cesar en su búsqueda por un mundo mejor y a no dejarse embaucar por los placeres del inconsciente, del enemigo que nos confunde, nos chantajea y nos imposibilita, porque hace poco tiempo estuve en esa situación y porque no soy ningún gran maestro sigo siendo un alumno que recién empieza a aprobar algún examen, por lo que mi conocimiento es muy limitado para Seres con mayor recorrido.

Con sólo colocar una flor en un universo ajeno, habrá merecido la pena.